lunes, 5 de noviembre de 2007

IDENTIDAD Y LITERATURAS DEL ECUADOR

Màscara ritual y calendario encontrado en Chunocari

IDENTIDAD
Y LITERATURAS DEL ECUADOR


Diego Velasco Andrade
Ponencia presentada en el I Encuentro de Literatura Ecuatoriana en Ultramar
Casa de América-Barcelona, 31 de Octubre de 2007



Cuentan los abuelos que hace miles de años, después del diluvio universal, una semilla de maíz pudo salvarse en la cima del Kápak Urku, para germinar con el soplo divino y florecer en el triángulo energético formado por la mama Tungurahua, el taita Chimborazo y el Jatun Altar, cerro de oro.

Entonces, el primer hombre rojo hecho de maíz y, la primera mujer hecha de quinua, empezaron a crecer y multiplicarse con los ciclos de la tierra, el aire, el fuego y el agua. La mujer sería lunar y sujeta a los vaivenes del lechoso satélite; el hombre en cambio solar, cargado de la fuerza del fuego, mas siempre vulnerable al agua... Los dos cíclicos y complementarios, como la noche y el día, siempre naciendo con el amanecer y muriendo en el poniente; para renacer otra vez de sus cenizas con el alba.

Por eso, al explorar nuestras numerosas identidades ecuatoriales, bien vale recordar y empezar a valorar nuestras más antiguas tradiciones solares y lunares; empezar a sentirnos otra vez, hijos del maíz y seguramente hijos de la papa y de la quinua y del amaranto y de la mashua; para asistir como profetizó el tayta Atawallpa, (pasados quinientos años de oscuridad) al regreso de miles y miles de sabios amautas, de agricultores, de escribas o quipucamayoks, de poetas o arawikos, en fin de los miles de “astronautas” de la Nueva Pacha Ecuatorial, todo para iniciar el florecimiento de la humanidad en el “tiempo-espacio que vuelve”, en este Décimo Pacha-kutik, -que por cierto-, nada tiene que ver con ningún partido político o Alianza País...

Sí, porque desde el mítico “Reyno de Quito», en el necesario construir de identidades de Juan de Velasco en el siglo XVIII; de las “Tierras del Qui” para los visionarios esposos Costales a fines del siglo XX, o del “Reino de los colibríes”, en la bella acepción del poeta andino y planetario Jorge Carrera Andrade, Ecuador siempre fue, ha sido es y será el asiento de una milenaria civilización, un “centro de mundo” que hoy apenas comienza a ser develada…Y es en este nuevo tiempo, en este despertar, en este gozoso alumbramiento de una verdadera “nueva época”, donde ubicamos el sentido y valor de la construcción de nuestras identidades ecuatoriales.


¿RECORDADO PAIS, CÓMO TE LLAMABAS?
(Graffiti en las calles de Quito)

simbolo ecuatorial kitu-caranqui


Vivimos en la época de la paradoja, en la época de las minorías. Este es el tiempo veloz, vertiginoso, caótico, en donde se acabará pronto la noción de la literatura tal como ahora la entendemos y por tanto los seudo privilegios de escritor de oficio y su pretendido e inalcanzable canon; hoy, cuando algunos nuevos y viejos anarquistas prefieren encontrar en el hipertexto, en esa suerte de Biblioteca de Babel electrónica, la tela de araña en la cual enredar los bucles y el bigote del otrora escritor maldito y sus cómodos “mitos y ritos” de solitaria inspiración...

En tanto, nadie ha logrado todavía ponerse de acuerdo en cuál es el sentido contemporáneo de identidad en las literaturas del Ecuador. Polémica mucho mayor si nuestro escritor sigue porfiando en ser un tipo extraño y funámbulo, de “mirada oblicua”, mago de la palabra tibia, extasiado en encontrar el canon griego en un pajar, o en parecer un viajero lunar que prefiere vagar nómada por la aldea global, sin cargar la pesada cruz del escritor “esclavizado a su identidad”; o el escritor que prefirió dejar su “paisito”, donde nada pasaba más que una irreal “línea imaginaria” y que por desgracia aún no ha parido, y que en perspectiva no parirá jamás, un premio Nóbel de Literatura.

Cómo ubicar entonces la dimensión identidad en las últimas tendencias de la poesía y la narrativa ecuatoriana, con aires de internacional, nómada y solemne, evasora premeditada de la crítica social? En medio de este mundo caótico, o mejor "caórdico", qué sentido tiene hablar de la diversidad ecuatorial. Qué sentido tiene la dualidad agua y tierra; cuando montaña y lago ya no son más el referente de integridad en el mundo de los seres humanos runas en contacto con la tierra, sino que parecería el refugio de un minúsculo grupo de personajes rezagados de época y prófugos del mundo light, que se resisten a habitar en el laberinto artificioso de la realidad virtual...


TEXTO Y CONTEXTO/ LITERATURA, CAMBIO SOCIAL
E IDENTIDAD

Rafael Larrea Insuasti (1942 - 1995)


…“Nosotros, los de este lado de la raya, nos negamos a redactar el testamento que tan acuciosamente, solicitan todos quienes anhelan un respiro de irresponsable tranquilidad.

Mientras estemos vivos hablaremos. Y muertos también. No hemos nacido para morir. No hemos remado sobre arenas movedizas, ni hemos desintegrado nuestro ser. Nuestra misión en la tierra es crear, no sobrevivir... Nuestra tarea es transformar.

Los hombres somos tercos, porque somos realidad. Seguiremos cuestionando la eternidad de las esfinges. Este otro tiempo exige respuestas. Debemos dárselas. Unámonos. Siguen vigentes la palabra nueva, el hombre nuevo y el mundo nuevos”....

RAFAEL LARREA INSUASTI,
Propuesta para un nuevo manifiesto Tzántzico
1988



Con las palabras de Rafael Larrea, arquetipo del movimiento literario tzántzico de los años 60; escritor políticamente intransigente, tercamente revolucionario hasta su muerte ocurrida en 1995, bien vale preguntarnos al cabo de los años, qué pasó con el rol del escritor comprometido o contagiado del síndrome de Falcon del que nos hablara Leonardo Valencia Asogna: pobrecillo cargando su cruz de vocero social y superhéroe de la justicia; por qué la “literatura comprometida” de los 60 y 70, se fue diluyendo en los 80 y 90 en otra más “culta”, elitista, de “oficio”, oficiosa, oficial y/o de oficina y tan sofisticadamente “internacional”.

Por qué el escritor ecuatoriano, angustiado por tener fama y buen oficio o por la necesidad imperiosa del eufemístico “escribir bien”, devino ciego, sordo, y/o tartamudo, frente a la emergencia de muros derrumbados, ideologías caducas, comunistas y “blanco”s en desbandada; o, es que ante la ausencia aparente de nuevas “utopías realizables”, (aquel luminoso hallazgo cortazariano), se creyó mejor dispuesto a satisfacer su vanidad ocupando los blandos sillones de una cultura global, híbrida y sin compromisos.

¿Qué nos dejaron las últimas décadas literarias en Ecuador? el ocaso de los talleres y otras tribus literarias; la transfiguración de la poesía comunicante al escepticismo individualista y a una cómoda “teoría del desencanto” y del “desencuentro”, usado por algunos como mensaje de autopromoción y de marketing social; el cambio del humor negro y la literatura urbana por las novelas con titulillos de salsa, bolero y pasillo; el giro de los poemas amatorios a la compañerita guerrillera, por un erotismo femenino en muchos casos, artificioso, premeditado y reiterativo, por parte de una nutrida generación de ero-poetas.

¿Y qué parecen dejarnos los primerizos 2000?, pues una numerosa generación de escritores “light”, tan delicaditos y formales, tan bien informados en Internet del último chisme sobre Bukovsky o sobre Roberto Bolaño, pero tan sin historia propia, tan sin raíces y capacidad crítica sobre su propio país; con una angustia veloz por insertarse en el “mercado” de la literatura, aunque valdría dudar si en la literatura en Ecuador, se pueda realmente mercar…

Cuál entonces la posibilidad de buscar la relación contemporánea entre identidad y literatura, cuando en el Ecuador continental, nuevas tribus de ecologistas, maestros, estudiantes, transexuales, prostitutas, campesinos, indígenas, trabajadores, jubilados y jubiladas, ya no persiguen “tomar por asalto el poder”, sino reivindicar su común derecho a la cotidianeidad; al solo poder de crear y recrear su entorno vital, de usar su imaginación para sobrevivir al hambre, la violencia, la pobreza, la inseguridad: paradojas tan terrícolas en plena era global...

Sostengo que mucho de lo que escribimos o publicamos hoy en el Ecuador continental y paradójicamente en el ultramarino, no tiene concatenación con el panorama descrito; que la mayoría de lo que hoy editamos transmite un mensaje en retardo a lo que convoca “la nueva realidad”, o mejor a lo que convocan “las realidades” actuales; que no hay casi reflejos del escritor inserto en las identidades de su país, ni siquiera en las formas, mucho menos en los contenidos.

Mientras en el Ecuador continental, se están constituyendo nuevos paradigmas, nuevas propuestas, nuevas “utopías” y “ucronías” (sin tiempo y sin lugar), los escritores ecuatorianos, todavía no logramos captar esas oscilaciones, esos sismos sociales y culturales en su real intensidad; pocos advertimos de la necesidad de aportar a configurar una Bio-Cultura: “por y para la vida”, una sociedad del “buen vivir”, del “bien estar”, del Sumak Kamaña, como dirían los aymaras bolivianos, mucho más allá del concepto de desarrollo humano sustentable, etiquetado por los organismos supranacionales.

Cuántos de nosotros escritores, artistas e intelectuales, estaríamos interesados en aportar al proyecto de una sociedad bio-diversa, multiétnica y pluricultural como señala nuestra cuasi difunta constitución actual; la sociedad comunitaria de un hombre planetario en pleno siglo de defunción de la rosa, remitiéndonos otra vez al gran poeta Carrera Andrade. Y, en ese marco, cuál el rol del escritor en satisfacer esa necesidad ese placer y esa responsabilidad de escribir y soñar como derecho del ser humano…Nos parece que la misión de una literatura de identidades debería desatar sinergias, interacciones, olas sismos de corta y larga duración en la sociedad, para demostrar que escribir no es asunto de pocos e iniciados y que al ser escritores, nuestra meta literaria a largo término, podría aportar a crear y alimentar con los pueblos del Ecuador otros mitos, génesis y cosmogonías, ayudar a delinear de dónde venimos y hacia dónde vamos, como sucedió siempre con las mejores literaturas de tradición...

Cuando en los años 30, los escritores ecuatorianos decidieron asumir ser "la voz del indio" (in dieu: en dios) y del “montuvio”, asumieron su corazonada y su misión con valor; aunque lejanos a ellos, asumieron la realidad ecuatorial con híbridos ojos de mishu; la asumieron aunque impostando la voz, cuidándose no hablar con boca de patrón o de amanuense de hacienda; la impregnaron de un humanismo occidental, judeocristiano y también marxista, donde el hombre es siempre dueño de su razón y lógica antropocéntrica y geocentrista; desde el estereotipo y perspectiva de un hombre “blanco” y civilizado que se olvidó de dónde provino, a pesar de que su madre naturaleza nació hace mil de millones y él, como especie, apenas hace algunos cientos de miles...




EL ULTIMO EN SALIR, QUE APAGUE LA LUZ
Graffiti en las calles de Quito

Hoy nos encontramos en este nuevo espacio del Ecuador, la gran Barcelona donde habitan cientos de obreros, albañiles, peinadoras, niñeras, doctores, abogados, arquitectos, artistas y un largo etcétera de “migrantes” ecuatorianos configurando cada vez mas un Ecuador de Ultramar, que se construye día a día también en Estados Unidos, España, Italia, Bélgica y en otros lugares del planeta.

Y que hace el escritor ecuatoriano viviendo en Europa, funámbulo y migrante como tantos de sus coterráneos, acorazado muchas veces de su manido cuento del “auto exilio”, fingiendo vivir en un París “sin aguaceros” que bien hubiese querido Vallejo; con su inútil diploma de poeta en la sala, con pantuflas y corbatín, presumiendo cuando regresa al Ecuador continental que aparece en la primera plana de los diarios europeos, aunque quienes en realidad lo hacen son sus naturales compatriotas, víctimas del más burdo racismo y xenofobia.

Sin embargo, del mismo modo que las olas, que aparentemente separadas unas de otras son también el mar, la visión de escribir en un Ecuador Ultramarino nos parece, en todo sentido, tremendamente creativa y poética: utópica y ucrónica “sin lugar” y “sin tiempo”; tan similar a lo que los escritores de Ecuador, hacemos cotidianamente para crear una literatura carente de lugar definido, de propósito material y comercial aparente.

Digamos con boca de brujo que ahora,-a inicios del siglo XXI-, se consolidará en el mundo y en el país una literatura de identidades; la de aquel escritor que pueda sintonizar el mal que nos aqueja, la angustia global que bulle en nuestras conciencias y se derrama en los locutorios, en los celulares y en los cajeros automáticos; una etno literatura, unas veces densa y conceptual y en otras lúdica, experimental, caótica pero una literatura de identidades al fin...

Sostenemos que ya se comienzan a tejer en nuestras literaturas, antiguos y nuevos relatos, mitos y leyendas de las ancestrales Tierras del Qui, búsqueda que constituye también la constatación de la mixtura y el palimpsesto que actualmente somos; el resultado de aquel feroz encuentro entre los hijos del sol recto con aquellos de la barbarie hispánico occidental de aquella época; encuentro después del cual -queramos o no aceptarlo- quedaron definitivamente impresas en nuestros genes y en nuestra sangre nuestras mestizas identidades andina, amazónica y pacífico ecuatoriales, las mismas que en una sabia y paciente espera renacieron y fructificaron desde las cenizas de nuestros abuelos, para luego retornar con la fiereza y la rudeza del huracán.

Y que sucederá con “el ser racional y cientificista” inventado y heredado del mundo greco-latino, siempre orientado por la paranoica búsqueda del UNO no diverso, del uno absoluto y autoritario, en suma del uni-verso y nunca del “multiverso”. Porque el “unidiverso” andino y ecuatorial con el que soñamos debería constituir el cielo y territorio “del otro”, de la diversidad y de la variedad, del holon y de lo holístico, o de aquella eufemística “alteridad” inventada por euro-occidente para sanar su culpable pecado capital, su brutal genocidio, su irrespeto por las culturas diferentes (véase “inferiores”) y a las que creyeron “civilizadamente” aniquilar, pero que hoy siguen encontrando como en el mito del Retorno del Inca, su cuerpo y su cabeza, perseverando en la búsqueda de su íntegra totalidad, aquella misma totalidad que ahora nos convoca para cargarnos con la fuerza femenina de la tierra, del agua y de la luna de nuestra Patria, no de aquella “patria” de los patricios grecolatinos, sino de la Pacha Tierra Sagrada Equinoccial.

Una literatura con identidad, podría contradecir la “Historia” inventada por los pensadores de la “modernidad” y “el progreso”, por las interesadas enseñanzas de la historiografía occidental y las mismas y repetitivas ideologías euro centristas de una “novísima” post- modernidad, de quienes nunca supieron comprender lo que significaba una “cosmovisión”, es decir una visión cósmica del ser y del estar, no del parecer: aquella que vivieron de nuestros ancestros

Ahora estamos claros los ecuatorianos que la experiencia de habitar el “centro del mundo”, debió constituir para nuestros antepasados una experiencia primordial y sagrada, el conocimiento y valoración de las claves de nuestra habitación en el chakra corazón del mundo, ello nos permitirá gradualmente la reconstitución de las identidades ecuatoriales primordiales y es, en esa búsqueda que descubriremos el vector de nuestra organización social futura; es decir, el estatuto ontológico de las culturas y pueblos del Ecuador del siglo XXI.

Es en medio de la rigidez amorfa de un planeta global en caos, que por fortuna no es el nuestro, es en aquel Ecuador Continental nuestro, tangible y actual religado con este Ecuador Ultramarino, construido allende los mares, que siguen constituyendo nuestros compatriotas, que podremos también construir las nuevas literaturas de nuestro país.

¿ECUADOR LINEA IMAGINARIA?

Maqueta templo cultura Tolita: Pacifico Ecuatorial


Ecuador: 256.370 kilómetros recortados en el mapa; tierra incógnita atravesada por una línea que no divide, sino que une al planeta; bajo cuya piel germinan 20000 especies de plantas; 2500 especies de mariposas; 3043 especies de orquídeas; medio millón de especies de invertebrados y 370 especies de mamíferos, correteando páramos, montañas, valles, archipiélagos y bosques tropicales...

Más de 27 nacionalidades y pueblos que tejen y se dibujan en un tapiz multicolor: arco iris de selva, fuego volcánico, arcilla y agua.

Quizá más que una línea atravesando a GAIA, la madre Tierra, somos el rincón del planeta que aún el apetito voraz del pirata blanco y etnocentrista, no ha podido devorar.

Ecuador, línea imaginaria solo por inconclusa y en construcción; por que fue la ínsula barataria de un imperio de nuevos amos que cambiaban camarones y banano por baratijas de 1 dólar y espejos electrónicos.

Ecuatoriano ultramarino: fantasma que flotas en el mar de la aldea global, no por azar, sino por la vital necesidad de tejer y destejer tus inagotables identidades: ¿quiénes somos? ¿de dónde venimos? ¿hacia dónde vas?...

O es que no fuimos loa Amantes de Sumpa lapidados en la arena por amor; o Quitumbes y Liras engendrando después del diluvio, a una golondrina; hijos del Chusig: duende y mago; de Juan de Velasco el cura fabulador de plantas, reinos mágicos y animales; o Condorazos: gigantes volcánicos hijos del taita Chimborazo y de la mama Tungurahua.

Herededros de Alfaro insertando un ferrocarril en la nariz del diablo; obreros de la ría o de Aztra masacrados por el miserable poder, mas aún vivos, bebiendo miel de panela, guayusa y caña....

Somos o no, las Dolores Cacuangos, los Cecilios Taday; o Daquilemas extraviados en el paradógico país de Manuelito; vendiendo flores químicas a nuestros antiguos amos; acomodando nuestros huesos migrantes en el basurero que la santa globalización nos ha designado...

Más la mayoría somos también los miltón reyes, quishpes o hurtados; amazónicos, litorales, insulares o andinos; más, mucho más que de 12 millones de mujeres y hombres del Ecuador continental, más que dos millones de hombres y mujeres viviendo en ultramar; más que series de números congelados; muchísimo más que bocanadas de agua en el hocico de dragón, de aquel imperio lanza llamas.

El hombre ha buscado amoldar la Tierra durante cientos de miles de años, mas ella respira y vive miles de millones de años. Ecuador: 0.17 centésima porción del planeta, siempre serás nuestra utópica esperanza; siempre mucho más que un mapa recortado por las señas particulares de una despistada Línea Imaginaria...



Diego Velasco Andrade
Ki-To, Tierras del centro,
Octubre 27, 07

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